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Carla Estrada

 

Cuando la sociedad cambia, ¿cambia la universidad?

 

A lo largo de la historia, las funciones de la universidad han generado controversia. Tradicionalmente la universidad se ha entendido como difusora del conocimiento, si es así ¿debe dedicarse a la investigación? O ¿es la docencia su única función?, ¿debe la universidad formar a las élites de la sociedad, o debe estar destinada al común de las personas? Sea cual fuere la elección que cada una de las instituciones hayan hecho en cuanto a sus funciones y sus objetivos, la universidad ha sabido mantenerse como el bastión intelectual de la sociedad.

 

Hoy, como nunca somos testigos de una sociedad en constante cambio, las comunicaciones, las relaciones humanas, el medio ambiente y principalmente las estructuras sociales han sufrido cambios dramáticos. Vivimos un punto de inflexión, pareciera que el ser humano debe cambiar sus formas de vida, de consumo, de relacionarse con el otro y con el medio para hacer de su propia existencia un proyecto sustentable.

 

La universidad, en sus diversas formas y con algunas excepciones, ha mostrado ser una institución más bien estática en comparación a la acelerada mutación que ha sufrido la sociedad, pareciera estar tanto o más preocupada del mantenimiento de su posición, tanto en lo académico como en el mercado, que del acompañamiento a los desafíos que se nos imponen como seres humanos.
 
Con motivo de dos conferencias realizadas en Ciudad Ho Chi Minh [1] , en octubre pasado, más de 70 expertos venidos de todas partes del mundo pudieron compartir sus experiencias y sus aprendizajes sobre el camino que la universidad debe trazarse.

En general los diagnósticos fueron coincidentes: la universidad debe cambiar, porque hoy las necesidades de la sociedad no son las mismas.

 

¿Qué significa esto?, que la universidad debe integrar la complejidad en sí misma, generando nuevos procedimientos más dinámicos, integrando las nuevas tecnologías, estimulando a sus alumnos desde las potencialidades propias de cada uno poniendo énfasis en la experiencia, la innovación y en el trabajo cooperativo.  Significa que la universidad debe dialogar con su contexto, entregando las herramientas que permitan a sus alumnos desarrollarse en un mundo global pero siempre en conexión con su comunidad local, en este sentido la universidad debe ser “glocal”.

 

En lo político, la universidad debe definirse como una institución democrática, que garantice el acceso pero también que se comprometa con la continuidad, el éxito y la empleabilidad de sus estudiantes en el marco de una enseñanza de calidad. Pero también debe comprometerse con  todos los actores que participan del proceso, estableciendo responsabilidades y generando participación en su seno, esta gobernanza le redituará legitimidad y el compromiso de sus actores.

 

Pero por sobre todo, la universidad debe ser responsable con el resto de la sociedad, esto debe traducirse en sus procedimientos, más democráticos y participativos, pero también en sus contenidos, más relacionados con lo que hoy está ocurriendo en su mundo. La universidad debe ser capaz de construir ciudadanía, de contribuir a la solución del éxodo rural, de la inequidad social, del desempleo, de la devastación del medio ambiente, del consumo irracional, de la violencia, etc. y no constituirse en un reproductor de las prácticas que nos han llevado hasta este punto.

 

El proceso iniciado para la construcción de la Universidad Internacional Tierra Ciudadana asume estos desafíos y apuesta por una formación de líderes sociales que sea capaz de reconocer el valor de los saberes tradicionales en relación con el contexto global. Se constituye así en una iniciativa innovadora que enfatiza el rol de los movimientos sociales como generadores de cambio a la vez que busca interconectar y crear sinergias entre las distintas experiencias y personas y entre estos mismos movimientos sociales y los centros académicos tradicionales, interesados en estos  desafíos mayores.

 

Para las universidades más tradicionales, por su parte, generar este cambio podría significar un cataclismo en su seno, seguramente habrá muchas instituciones que no asumirán el desafío y podrán mantener su posición de prestigio sin exponerse a esta revolución. Las que se atrevan, las más innovadoras podrán mirarse al espejo con orgullo y decirse a sí mismas que han estado a la altura.


Notas:

[1] 16 y 17 de octubre de 2009, ¿Qué universidad para el siglo XXI?, organizada por TriViet International University Project. Ciudad Ho Chi Minh, Vietnam.
 19 y 20 de octubre de 2009, Desarrollando la educación superior: lecciones desde la experiencia, organizada por la Universidad Hoa Sen. Ciudad Ho Chi Minh, Vietnam.

 

Carla Estrada Jopia es periodista y Directora de proyectos de Almedio Consultores.

Consultar el documento completo de la sistematización de ambas conferencias. (pdf, eng)

 


Ver también:

Encuentro de la UITC en Reñaca (Chile), link

Especificaciones para una universidad del siglo XXI; Elementos para nutrir la reflexión; Por Pierre Calame, link

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